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Reflexiones sobre Obama y Misisipi 1964

[6 de noviembre de 2008]

[Después de su inauguración Tlaxcala impreso estas reflexiones con parte de mi diario en 1964 luchando por el voto de los negros] .Traducido de Atenea Acevedo.

El noticiario televisivo danés transmitió la noticia histórica en la penumbra de las primeras horas de la mañana: había sido electo el primer presidente negro de Estados Unidos de América, emperador militar de prácticamente todo el planeta, Barack Obama.

¡Emociones! ¿Qué sienten?

Alegría contenida. Victoria reprimida. Canciones de libertad, lucha y júbilo. Justicia ganada, justicia negada. El dolor constante de la guerra, los asesinatos masivos, la tortura, el hambre injustificada, la enfermedad injustificada y la muerte temprana. La desilusión por no ser capaz de llorar con gozo irreprimible: por fin, tras años interminables de castraciones, linchamientos, violaciones y ojos arrancados de sus cuencas en actos terriblemente dolorosos… mi gente, mis hermanos han alcanzado una victoria política y personal inconmensurable. Saber que tantos se sienten embargados de tanta alegría basta para hacerme sentir bien. Sin embargo, saber por qué no puedo llorar de gozo es sumamente desalentador. La era de la guerra permanente seguirá.

Pero debo confesar que tengo la vaga esperanza de que él, este hombre negro que contaba tres años cuando yo luchaba hombro con hombro con su pueblo en Misisipi por el simple derecho al voto, recuerde a la negra de 106 años de las que habló en su discurso tras obtener el triunfo electoral: una mujer que vive para ver a uno de los suyos sacarse la lotería. Obama se hizo acompañar de ella y, en ese gesto y para beneficio común de su público blanco, se hizo acompañar de la historia de la esclavitud, el racismo brutal y las largas y difíciles luchas por combatirlo. Ningún otro candidato del Partido Demócrata habría abrazado a esa mujer y a su historia de manera más íntima. Ciertamente la dupla formada por el racista y belicista McCain y la criptocristianafascista Palin no podría imaginar, ni en sus peores pesadillas, una comunicación tan cálida y llena de luz como aquella.

Podemos vincular a Obama a ese íntimo entendimiento de la verdadera historia de los pueblos oprimidos si nos organizamos y crecemos en determinación y, por ende, en fuerza. Aunque Obama entre al juego del sistema capitalista-imperialista, bien podría ser mínima pero significativamente distinto y, para beneficio de muchas de las personas que nos son entrañables, podría ser como su tatarabuela. Y, de ser así, entonces tendremos una mayor oportunidad de organizarnos mejor e incluir en la agenda la absoluta necesidad de sustituir los fundamentos económicos por un sistema basado en la producción y la toma de decisiones desde la cooperación, y la distribución cooperativa de bienes, servicios y recursos naturales, además de poner fin de una vez por todas a la sed de guerra.

El inevitable fracaso de Obama al intentar siquiera proponer una agenda de este tipo, ya no digamos defenderla, bien podría orillar a mucha gente, incluso sectores de la clase trabajadora, a pensar que el factor determinante no es la persona (ni el color de su piel, su sexo o su orientación sexual), sino el propio sistema económico.

Aun así, quiero regocijarme un poco en la victoria: la victoria de nuestras luchas históricas en contra del racismo y a favor de la igualdad racial. Recordemos que los cimientos de Estados Unidos como nación son las guerras raciales genocidas en contra de los pueblos originarios y la esclavitud de los negros africanos. El mulato Obama, presidente de Estados Unidos de AmériKKKa ha expulsado al KKK del país, al menos oficialmente. Es, sin duda, una victoria, un triunfo que puede capitalizarse y puede explusar al KKK de todos los rincones del país si y solo si todos nos unimos y exigimos un cambio genuino y radical.


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