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[ Traducido por Atenea Acevedo por Tlaxcala y Rebelion, 01.04.09]
Desde noviembre de 2007 cientos de estudiantes y profesores universitarios,
así como profesionistas, han abordado la cuestión de cuánta
libertad de expresión y poder real (activo) posee y ejerce la
clase trabajadora y la población cubana en general como tema
vital para la supervivencia y el desarrollo del socialismo.
Cuba celebró 50 años de revolución el 1 de enero de 2009. La isla ha sobrevivido al bloqueo imperialista más prolongado e inclemente, y a miles de agresiones contra su existencia. Varios miles de personas han sido asesinadas o han resultado lisiadas por actos de sabotaje e incluso guerra bacteriológica, por no hablar de los innumerables atentados contra Fidel Castro y otros líderes.
La estrategia de supervivencia del Partido Comunista y del Estado se
ha concentrado en la unidad: unidad en la toma de decisiones, unidad
en el liderazgo y unidad en los medios. Esta estrategia ha facultado
al Estado a resistir los embates de los Estados Unidos y sus aliados.
Sin embargo, la estrategia ha evitado que los líderes y la burocracia
estatal crean que pueden dares el “lujo” de permitir la
participación activa y significativa de la población en
los debates a fin de decidir qué rumbo habrán de seguir
la política y la economía del país. Los medios
tampoco cuestionan las decisiones tomadas.
Cuando se plantean preguntas sobre lo acertado del control estatal,
el Estado hace caso omiso de los cuestionamientos o responde con ejemplos
de la intervención del aparato de inteligencia usamericano en
los procesos de otros países cuando éstos contravienen
sus intereses. Basta notar las intervenciones subversivas en los medios
durante el gobierno de Allende en Chile y en Nicaragua durante el primer
gobierno sandinista entre 1979 y 1990. Actualmente, la contrainteligencia
y los medios usamericanos se alinean con la oligarquía nacional
venezolana que intenta por todos los medios derrocar a Hugo Chávez
y frenar todo avance hacia el socialismo.
Los dirigentes comunistas en Cuba siempre han afirmado que el amplio ejercicio de la libertad de expresión puede poner en peligro la soberanía misma de la nación. Si bien la historia demuestra que en ello hay parte de verdad, el control estatal estricto sobre los medios y otros canales de información y debate puede paralizar la capacidad de las personas de a pie de acceder a la información y las ideas que necesitan para su empoderamiento. Además, ha influido en que la mayoría no crea en la propaganda ni en los medios del Estado. La gente quiere más información e información más abierta.
Frank Josué Solar, historiador cubano y profesor de la Universidad de Oriente, escribió las siguientes palabras en “Cuba y el debate del socialismo del siglo XXI”, obra publicada por la Fundación de Estudios Socialistas Federico Engels (www.marxist.com):
“No se trata de un lujo, de una alternativa que podemos elegir
o descartar: la democracia de los trabajadores es condición sine
qua non para el desarrollo normal de una economía socialista.
Sin ella, el proceso se deforma y acaba por sucumbir”.
Por primera vez en décadas, el Estado ha permitido la crítica
abierta de las políticas desde la izquierda. Puñados de
estudiantes, profesores y profesionistas se reúnen en la Universidad
de la Habana y la CUJAE para discutir el futuro del socialismo.
Un grupo de estudiantes y profesores universitarios, así como
profesionistas, organizaron el Taller Bolchevique en noviembre de 2007
a fin de rendir homenaje a la Revolución Rusa en su 90º
aniversario, y para hablar de su trayectoria y colapso. Alrededor de
500 personas se reunieron en la Universidad de la Habana.
Revitalizar el marxismo revolucionario en Cuba
En esta asamblea y durante el taller subsiguiente, los participantes revisaron la necesidad de revitalizar al marxismo revolucionario, también en Cuba.
La docena de coordinadores del taller no organizó reuniones
públicas en 2008, pero creó un sitio web muy activo: www.cuba-urss.cult.cu.
Su propuesta es “contribuir al empoderamiento de las personas
y los grupos en su práctica como sujetos ciudadanos dentro de
la revolución cubana como un proceso, y con el socialismo como
su proyecto”.
El sitio tiene cientos de ensayos y artículos de lectores y teóricos
clásicos y contemporáneos, además de activistas,
por ejemplo Lenin, Trotsky, Gramsci, Luxemburgo, Che...
A fines de enero de este año, los coordinadores organizaron otro taller con el nombre “Vivir la revolución 50 años después del triunfo”. Ahora se reúnen una vez al mes en el Centro Juan Marinello del Ministerio de Cultura, cerca de la Plaza de la Revolución. Cuentan con los auspicios del Departamento Antonio Gramsci del Ministerio y el Instituto Superior de Arte.
La sala asignada para el encuentro solo da cabida a poco menos de 100 personas, y estaba llena durante el primer taller, cuyo tema fue “Sentidos y significados de la revolución en nuestras vidas”. Esta fue la base del siguiente taller, titulado “El sistema político de la revolución: participación, sujeto popular y ciudadanía”, en el que participé.
La coordinación indicaba lo siguiente en el folleto informativo: “Este taller pretende contribuir a revitalizar y analizar el lugar de la participación ciudadana en el sistema político, sus formas de expresión en lo que respecta a la soberanía, la necesidad de una cultura política y jurídica congruente con el protagonismo social del momento para crear, controlar, limitar y disfrutar de la política y el derecho”.
Los temas fueron: cómo reformula el socialismo el concepto de ciudadanía; mecanismos de participación popular real, y cómo contribuir al empoderamiento, todo ello en el contexto definido por la frase “Hagamos nuestra la revolución”.
Tras una breve introducción, el colectivo de 80-90 participantes se dividió en cuatro grupos para compartir sus experiencias de participación activa y participación forzada, y su percepción de sí mismos como sujetos ciudadanos (mi participación fue básicamente la de observador, ya que ahora no vivo ni trabajo en Cuba, aunque sí lo hice de 1987 a 1996).
Frustraciones e impotencia
Surgieron diversas expresiones en torno a la participación activa
y “obligatoria”. La gente se siente bien cuando siente que
puede participar y, tal vez, marcar una diferencia; lo opuesto sucede
cuando las experiencias no partían de la intención voluntaria.
Un estudiante dijo “es posible participar, pero ‘ellos’
son los que deciden”. Una joven estudiante habló con entusiasmo
de la iniciativa de este taller, un espacio que le permitió sentirse
un sujeto activo, “con la esperanza de que nos conduzca a hacer
una diferencia en pro de la sociedad”. Un colombiano que estudia
aquí afirmó sentirse más como un sujeto político
en Cuba que en Colombia, pero que esperaba una participación
más activa.
Una mujer mayor se presentó como una trabajadora más y
dijo sentirse aislada: “No me permiten participar en un sentido
real, no toman nuestros comentarios en serio, y eso me hace sentir como
una vieja que está loca”. En un descanso, comentó
que cree que la revolución se quedó estancada a mediados
de la década de 1960. Un par de profesionistas también
mayores, evocando aquellos días de activismo en que campesinos
y milicianos llevaban armas para defender a la nación (tal como
lo hicieron en Bahía de Cochinos y cuando enfrentaron a grupos
contrarrevolucionarios infiltrados y financiados por la CIA en la Operación
Mangosta), se mostraron convencidos de que la revolución había
muerto después de esa época.
Los muros estaban cubiertos con citas garabateadas de Bertolt Brecht,
Roque Dalton, Silvio Rodríguez y otros. En un muro se leían
las siguientes palabras de Paulo Freire: “Si la estructura no
permite el diálogo, hay que cambiar la estructura”.
En la última sesión plenaria se leyeron los resúmenes
de los debates grupales. Los textos reflejaban sentimientos y experiencias
comunes. Durante la discusión se subrayaron y criticaron los
mecanismos burocráticos de control.
También hubo bastante autocrítica: debemos superar la
autocensura; no debemos ceder ante el temor de perder lo que tenemos
o esperamos tener, por ejemplo, un mejor puesto, y permanecer mudos
ante la injusticia o las decisiones equivocadas. Un joven dijo que cada
uno tiene que encontrar la forma de mejorar su propio comportamiento.
Por ejemplo, tenemos que dejar de tirar basura y desperdicios por donde
nos da la gana; debemos de intervenir en todos los espacios con una
actitud positiva, convencidos de que podemos hacer el cambio, podemos
hacer que nos escuchen, porque somos los productores, el pueblo al que
sirve la estructura política. Un viejo profesor sugirió
invitar a los burócratas a una reunión, “porque
también son cubanos y podemos aprender unos de otros”.
Julio Antonio Fernández, joven profesor de derecho, dio una breve
charla sobre la situación actual. Con grandes pinceladas dibujó
el cuadro histórico de la revolución, la política
y lo jurídico. Defendió la constitución de 1976
y la calificó de revolucionaria al legalizar la ciudadanía
activa para el socialismo y establecer el control popular de todos los
mecanismos para la soberanía. El público escuchaba con
tanta atención que se podía oír el aletear de una
mosca.
“No queremos tener una regresión que nos lleve de vuelta
a los tiempos antes de la revolución: debemos ser diseñadores
y controladores... Lo más importante ahora es hacer una crítica
de los organismos actuales del Estado, no pensar en la posible creación
de instituciones ideales”.
Siguió, y parafraseo, con las siguientes preguntas: Si es necesario
un régimen dominante, ¿cómo puede actuar sin alienar
al pueblo? ¿Cómo podemos democratizar al poder?
“Tenemos derechos formales para controlar lo que sucede”,
afirmó Fernández. “Lo que necesitamos hacer es actualizarlos.
La ley no pertenece al Estado; emana del pueblo y es para el pueblo.
Hay que recuperar el sentido de responsabilidad ciudadana”. También
se pronunció a favor de terminar con la discriminación
racial y de género. Es necesario que los individuos y el colectivo
reconozcan y enfrenten estos males.
“El peligro que entraña el imperialismo es real y debemos
encontrar formas de actuar que tomen en cuenta esta realidad”,
concluyó.
“La participación conduce a soluciones"
Después de su aclamado análisis, se pidió al público
que participara con comentarios, particularmente en torno al tema de
cómo participar de manera revolucionaria. La cuarta parte de
los asistentes hizo observaciones y aportó ideas para avanzar
en el proceso de la revolución, y algunos propusieron medidas
prácticas.
Varias personas, jóvenes y no tanto, señalaron que el
proceso del taller y las ideas ahí expresadas deberían
difundirse públicamente. Debe de haber maneras de implicar a
los trabajadores, productores vitales. Algunos dijeron que si bien las
leyes protegen el derecho de asociación y de formar asociaciones,
y que ninguna ley prohíbe las huelgas, en la realidad las cosas
son distintas. Nadie se atreve a organizar una huelga y muchas de las
solicitudes de permiso para crear asociaciones son ignoradas o rechazadas.
Un viejo abogado dijo que llevaba diez años esperando una respuesta
del Ministerio de Justicia a sus diversas peticiones para organizar
una inofensiva asociación social de descendientes de pueblos
eslavos en Cuba. Un profesor de sociología comentó que,
si bien algunas profesiones están autorizadas a formar asociaciones,
quienes se especializan en sociología (disciplina prohibida en
Cuba durante tres décadas y reinstaurada por el gobierno a mediados
de la década de 1990) no pueden asociarse. Tampoco se da una
razón que lo explique.
Un profesor de historia dijo que era necesario definir qué es
realmente el socialismo y qué debería ser el socialismo.
Entre otras cosas, el socialismo debe ser tanto personal como colectivo.
Cada persona debe sentir que es capaz de tomar decisiones; de lo contrario,
en Cuba podría suceder lo mismo que en Rusia y la Europa del
Este.
“La participación conduce a soluciones; eso es liberador”,
concluyó.
Otra persona dijo que Internet es una herramienta de liberación.
El Ministerio de Telecomunicaciones ha repetido que esto será
tecnológicamente viable cuando el cable submarino venezolano
llegue a Cuba en el transcurso de este año.
Una de las personas participantes manifestó la duda sobre la
necesidad de conservar un poder estatal dominante, particularmente un
esquema en el que muchos líderes se mantienen años e incluso
décadas en cargos de poder.
Una joven estudiante dijo sentirse estimulada por estos talleres y se
mostró optimista ante la posibilidad de ver cambios positivos.
Varios jóvenes hicieron eco de sus palabras. El último
orador, un estudiante brasileño, afirmó que lo más
importante era que el grupo no degenerara en sectarismo, como ocurre
con tantos grupos de izquierda alrededor del mundo. [Los talleres sigueron]
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